
Con la llegada del verano cambian nuestros ritmos, nuestros planes y también nuestra forma de cuidarnos. Pasamos más tiempo al aire libre, viajamos, modificamos los horarios y buscamos comidas más frescas, ligeras y fáciles de preparar.
Adaptar algunos hábitos cotidianos a esta época del año puede ayudarnos a mantener el equilibrio sin renunciar a disfrutar. Estas cuatro recomendaciones sencillas pueden acompañarte durante los meses de más calor.
1. Mantén una buena hidratación durante todo el día
Una correcta hidratación es fundamental para afrontar las altas temperaturas. Cuando hace calor, el organismo pierde más líquidos y minerales, por lo que conviene reponerlos de forma constante.
No es necesario esperar a tener sed para beber. Tener agua a mano e incorporarla de manera habitual a lo largo del día puede ayudarnos a mantener una correcta hidratación.
Como orientación general, se aconseja consumir entre 1L y 2,5L de agua al día. Las necesidades varían en función de cada persona, la temperatura y el nivel de actividad física. Como referencia general, es recomendable priorizar el agua y aumentar su consumo durante los días más calurosos o cuando se realiza ejercicio.

2. Aprovecha las frutas y verduras de temporada
Las frutas y verduras de temporada son grandes aliadas durante los meses de más calor. Además de aportar vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, destacan por su elevado contenido en agua.
Incorporarlas a la alimentación diaria es una forma sencilla de disfrutar de una dieta variada y adaptada a esta época del año. Ensaladas, gazpachos, cremas frías, smoothies o fruta fresca como tentempié son opciones prácticas para aumentar el consumo de alimentos frescos y hacer las comidas más ligeras sin renunciar al sabor.
3. Incorpora los frutos secos a tus comidas y snacks
Aunque a menudo se asocian a los meses más fríos, los frutos secos también son una excelente opción durante el verano. Su combinación de grasas saludables, proteínas vegetales y fibra aportan energía de forma sostenida y ayudan a prolongar la sensación de saciedad.
Gracias a su versatilidad, pueden incorporarse fácilmente a recetas propias de esta época del año. Añadir nueces a una ensalada, almendras a un yogur con fruta de temporada o pistachos a un bol de fruta fresca es una forma sencilla de enriquecer estos platos, tanto en sabor como en valor nutricional.
También son una alternativa práctica para tomar entre horas o llevar a la playa, la piscina o una excursión. Un puñado de frutos secos, aproximadamente 25 o 30 gramos al día, puede formar parte de una alimentación variada dentro de un estilo de vida saludable.

4. Recupera energía después de la actividad física
Practicar actividad física en verano supone un esfuerzo adicional para nuestro cuerpo debido a las altas temperaturas. Por ello, es importante hidratarse antes, durante y después del ejercicio, evitar las horas centrales del día y prestar atención a la recuperación.
Si haces ejercicio al aire libre, es aconsejable protegerse de la radiación solar utilizando crema con factor de protección, ropa ligera y accesorios como una gorra o gafas de sol.
Después de practicar deporte, se recomienda combinar líquidos con alimentos que aporten hidratos de carbono, proteínas y grasas saludables, para favorecer la recuperación del organismo. Una pieza de fruta acompañada de un puñado de frutos secos es una buena opción para reponer energía y continuar disfrutando del resto del día.
Disfrutar del verano con bienestar no exige cambiar por completo nuestros hábitos. Mantener una buena hidratación, elegir alimentos frescos, incorporar opciones nutritivas y adaptar la actividad física al calor puede ayudarnos a vivir esta época del año con mayor equilibrio.